Buenas Prácticas Educativas en el Reyes Católicos de los 80

Por Rafael Zayas Ruiz. Profesor de matemáticas del IES Reyes Católicos.

INTRODUCCIÓN 

Comencé a estudiar en el instituto Reyes Católicos a principios de los años 80, cuando era instituto de bachillerato. Tuve la inmensa suerte de disfrutar de un gran equipo de profesores durante todos esos años, pero claro, algunos se quedan más grabados en el recuerdo. Eran profesores que no hacían cursos de formación en el CEP (no se había creado todavía), que no aplicaban una programación didáctica de departamento de cuatrocientas páginas llenas de competencias básicas, claves, específicas o como las quieran llamar en un futuro, ni un largo listado de estándares de aprendizaje o saberes básicos asociados a las mismas. Pero aún así, hoy en día seguirían marcando diferencias por su visión innovadora de la enseñanza en unos casos, y por el sello personal que imprimían a sus clases en otros. Las condiciones, para lo bueno y para lo malo, también eran otras.

Desde mi función de divulgador de buenas prácticas docentes como actual jefe del departamento de FEIE, deseo hablar un poco de algunos profesores que pisaron las mismas baldosas y las mismas tarimas que hoy seguimos teniendo en el instituto, porque dejaron una impronta difícil de emular, dignas de no ser olvidadas, y porque me hicieron querer ser profesor. Es cierto que lo voy a hacer partiendo de mi visión personal de que una buena práctica educativa no es una actividad deslumbrante que se prepara para una ocasión, sino que es más bien una labor sostenida en el día a día que estimula al alumnado, y que lo impele a dar lo mejor de sí mismo habiéndole entregado antes lo que necesita para ello.

Diego Olmedo. Curso 83-84

En Geografía de 2º de BUP nos anuncia el profesor que no vamos a tener exámenes: ¡bendita suerte! ¿Seguro? Primera semana de clase: Diego Olmedo nos proporciona datos de 150 países: población, renta per cápita, etc. y nos encarga colorear cuatro mapamundis que reflejen los datos anteriores organizando previamente los datos en intervalos. Dos días trabajando.

Pedagógicamente Diego Olmedo fue un adelantado a su tiempo, y al nuestro también, concibiendo la enseñanza como un proceso en el que el profesor va suministrando al alumno materiales atractivos que éste debe trabajar, haciéndole buscar información adicional para completar sus análisis (sin Internet era más complicado) y exigiéndole que le dé al trabajo una forma y presentación adecuadas. Trabajamos con él infinidad de documentos sobre población, pesca, agricultura, vida urbana y rural, comercio, etc. con constantes puestas en común con él en las que nos alumbraba sobre aspectos en los que quizás no hubiésemos reparado. Trabajo a destajo para nosotros, pero también para él, y siempre con su sempiterna sonrisa en el semblante, que tan bien lo retrata, y con ese trato afable hacia todos.

Y de la teoría a la práctica: por grupos nos embarcamos en la realización de encuestas sociológicas con muestras de viviendas que barrían todos los bloques de un barrio entero, y más tarde encuestas a los propietarios de terrenos de cultivo de una amplia zona que linda con el río Vélez que Diego dividió en trozos in situ para repartirlos a los diferentes grupos de cuatro alumnos: lo más divertido era charlar con los campesinos que por allí nos encontrábamos para averiguar quiénes eran los propietarios de cada parcela y dónde vivían para poder así entrevistarlos y extraer datos sobre sus formas de cultivo. Veías fuera de clase la utilidad de lo que aprendías en ella. Diego Olmedo fue un innovador, con una clara visión de que el saber se construye tomando un tema y exprimiéndolo desde todos los puntos de vista con un trabajo personal guiado. Conozco a pocas personas que hayan concitado tanto reconocimiento por su labor profesional y tanto aprecio por su forma de ser como es el caso de Diego Olmedo.

Rafael Yus. Curso 82-83

Antes de entrar al instituto un insecto era para mí un bicho pequeño al que miraba con ciertos escrúpulos. Al terminar primero de BUP, en cambio, estaba orgulloso de mi colección de insectos, en especial de mis ejemplares de Polyphylla fullo y de Oryctes nasicornis. Claro que un año de Biología con Rafael Yus daba para ese cambio y mucho más… No creo que pudiéramos alcanzar a entender el éxito de sus clases leyendo lo mucho que él mismo ha escrito sobre pedagogía; más bien pensemos que quedabas contagiado por su pasión por la naturaleza y por el contacto directo con ella que Yus propiciaba.

Teníamos cinco clases semanales, de las cuales tan sólo empleaba dos en darnos la teoría del tema de una forma esquemática pero muy densa, que nosotros debíamos plasmar en fichas con dibujos y que luego teníamos que completar con alguna cuestión teórica relacionada con el tema que buscáramos por otras fuentes.

Otras dos clases eran clases prácticas en el laboratorio, organizadas en grupos y dirigidas por alumnos que actuaban como jefes de grupo y que previamente habían realizado esas mismas prácticas con Rafael Yus en algún recreo. Utilizábamos frecuentemente el microscopio, la lupa binocular, las guías dicotómicas de plantas, y diseccionábamos ejemplares de las diversas clases del reino animal que estuviésemos estudiando en cada momento. A veces llevábamos esos animales nosotros mismos (mejillones, peces,…), y otras veces los traía Rafael Yus, como por ejemplo ranas cuando estudiábamos anfibios (vi su corazón latir al diseccionarla), o cuando al estudiar equinodermos vino cargado de erizos de mar que él había recogido, permitiéndonos ver, con el animal allí delante de nosotros y no a través de un dibujo, qué era la linterna de Aristóteles (su aparato masticador). A veces la cosa resultaba algo más complicada y divertida: me recuerdo vívidamente junto a un montón de mis compañeros, chavales de catorce años, correteando con tarros de cristal por el jardín del instituto que da a la avenida a la busca y captura de lagartijas y salamanquesas, y recuerdo cómo al diseccionar la mía me sorprendí de los huevos que tenía en su interior.

Los viernes por la tarde hacíamos trabajo de campo, en el monte del Romeral al que Rafael Yus acudía con su Citroën dos caballos naranja, y por grupos empleábamos un par de horas analizando palmo a palmo todo aquel ecosistema, recogiendo muestras de forma sistematizada según un plano y registrando lo que observábamos.

Algo más común, pero a la vez muy especial, fue la excursión que hicimos andando desde el instituto al Monte del Toro, para toparnos allí con restos fósiles marinos, y encontrar egagrópilas de los cernícalos primilla que sobrevolaban la zona,…

Recuerdo el trato tan cercano que tenía con nosotros, y su increíble colección de insectos, que nos mostró a algunos de nosotros en su casa una vez finalizado el curso, tras ayudarlo a elaborar climogramas a partir de datos que algunos otros compañeros, organizados por él, habían recogido durante todo el curso de la estación meteorológica que estaba sobre el techo que circunda la fuente que hay al lado de secretaría.

Imposible dar más, y sin grandes medios, aunque claro, no son grandes medios lo que necesita la educación, sino un poco de ganas por parte del alumnado, un poco de ganas por parte del profesorado, un poco de respeto por ambas partes, y que nadie se entrometa para estropearlo.

Adela Martín.

Cursos 84-85 y 85-86

Imparto clases de Matemáticas en la misma aula a la que Adela Martín acudía a darnos clase de Filosofía en 3º de BUP. No cabe duda de que la pirámide de Maslow no necesita de aderezos para darte que pensar a los dieciséis años, pero el lenguaje envolvente de Adela, junto con su acento madrileño, lograba que te atrapase. Desgranaba las explicaciones con un discurso brillante, inteligente, con gran riqueza de vocabulario y las actividades que planteaba siempre intentaban que reflexionaras con hondura. Por aquellos años desgraciadamente aún no se había publicado El radiofonista pirado y como libro de lectura sobre el que hacer un trabajo nos teníamos que conformar con elegir entre dos obras menores: El arte de amar de Erich Fromm o Introducción al psicoanálisis de Sigmund Freud. Al margen de ello, nos hizo confeccionar dos glosarios a lo largo del curso: uno sobre términos filosóficos y otro sobre palabras que escucháramos en clase cuyo significado no entendiéramos completamente; la palabra “obnubilación” fue la primera que puse en este último glosario. Creo que no estoy obnubilado al pensar que parte de la dificultad que nuestros actuales alumnos tienen para memorizar ciertos temas de varias materias proviene de que no entienden el significado de muchas de las palabras que aparecen en sus libros de texto. Era una profesora exigente, capaz de suspenderte por una mera falta de ortografía (ciertamente eran otros tiempos). Y logró que varios de sus alumnas y alumnos de esos dos cursos estudiaran la carrera de Filosofía, algo poco habitual en los tiempos que corren.

En COU (actual 2º de Bachillerato), además de redactarnos los temas de los filósofos que se preguntaban en selectividad con la extensión y desarrollo idóneos para el tiempo que se nos iba a conceder, se permitió ella, y nos permitió a nosotros, darse el lujo de dedicar nada menos que un mes para exponer los trabajos que en grupos habíamos elaborado en torno al tema de cómo sería nuestra sociedad utópica, para lo cual cada uno de nosotros debía leerse al menos un libro; recuerdo que yo me leí Fahrenheit 451 y Un mundo feliz. Con todos sentados en forma de U alrededor del aula, uno a uno cada grupo exponía cómo sería su sociedad ideal, y a continuación se entablaba un debate en el que al grupo que exponía los demás alumnos le cuestionaban ciertos aspectos de la sociedad que planteaban. No necesitó redactar un Plan de Lectura, ni había un Proyecto Educativo que se lo pidiera: lo que su asignatura tenía que aportar a nuestra formación le cabía en la cabeza.

José Antonio Esquivel.

Cursos 83-84 y 84-85

Esquivel es de ese reducido número de personas a la que todo el mundo nombra por su apellido. Podías distinguir a lo lejos a Esquivel (José Antonio Esquivel Guerrero) porque portaba al hombro un bolso de piel marrón, de esos en los que caben las carpetas verticalmente. Una imagen distintiva en aquel entonces para un genuino profesor de Matemáticas. Un profesor de Matemáticas de los que te hacían pensar, de los que mantienen un diálogo permanente con el grupo durante las explicaciones. Me dio clases en 2º y en 3º de BUP. Sus clases, en las que no faltaban demostraciones matemáticas (¡qué tiempos!), no estaban exentas de buen humor: viene a mi memoria que decía que solía corregir exámenes con música de Luis Eduardo Aute de fondo, pero si lo pillaba algo cansado tiraba los exámenes por la ventana y aprobaba a los que devolviera el viento. El día anterior a un examen siempre lo dedicaba a que le preguntáramos las dudas que quisiéramos, y había mucha participación para preguntar dudas puntuales de tal o cual ejercicio.

Evoco con cariño el entusiasmo que pusimos durante una Semana Santa en la construcción de un teodolito que nos encargó Esquivel, junto a mis compañeros Juanma García, Vicente Fernández y Ángel Morales: sirviéndonos también de una cinta métrica, llegamos a utilizarlo para medir la altura de la torre de la Iglesia de San Juan, entre algunos curiosos del lugar que venían a preguntarnos qué estábamos haciendo.

Esquivel también fue nuestro profesor de informática en 2º y 3º de BUP. Agradezco que por aquel entonces, y corría el año 1983, me introdujera en el mundo de la programación, con aquel sencillo lenguaje BASIC y aquellos ordenadores Atari. Ya estando en COU, y sin ser ni siquiera profesor nuestro, quedaba con unos pocos de nosotros una tarde a la semana para proseguir aprendiendo programación, al margen de su horario de trabajo. Cada uno de los que asistíamos se dedicaba a algo que le apeteciera. Por ejemplo, mi amigo Vicente intentó crear un teclado musical; yo valoré muchísimo el apoyo que me brindó en aquellas tardes para realizar un programa que dibujara cónicas y que grabé en una cinta magnética TDK. Esa pequeña semilla sirvió, por ejemplo, para que años más tarde me lanzara con confianza a aprender otros lenguajes de programación más avanzados: Pascal primero, y más tarde Java, en un curso a distancia que organizaba la asociación Thales y la UMA. Para eso sirve nuestra profesión: para plantar semillas.

Ejemplos como el de Esquivel son los que hacen que nuestra administración educativa confíe tanto en el compromiso del profesorado. Quién sabe, quizás algún día hasta lo recompense.

 

Sergio Gómez.

Cursos 82-83 y 85-86

Sergio Gómez me dio clases de inglés en primero de BUP y en COU. Lo que más le agradezco es la incidencia que ponía en la correcta pronunciación de las palabras, lo que de por sí revela las ansias de enseñar un idioma extranjero con los precarios medios de entonces (un radiocasete de traer y llevar). Permanecen en mi recuerdo sus consejos para pronunciar los pronombres que siguen a los verbos, o cómo nos decía que para practicar la pronunciación de la p podíamos probar a apagar una cerilla mientras decíamos “pen”, o el hacernos repetir la expresión “a nice cup of tea” apropiadamente. Él mismo tenía una magnífica pronunciación británica.

Como buen profesor, sabía poner los ingredientes justos en la coctelera de sus clases, trabajando concienzudamente la gramática inglesa, corrigiéndonos personalmente los workbooks, pero también premiándonos con alguna canción en inglés o permitiéndonos jugar al Scrabble de vez en cuando. Aún hoy en día he visto por algún aula uno de aquellos tableros de Scrabble y sus fichas, ambos de madera, que el propio Sergio fabricó. Gracias a él conocí a los Beatles y todavía disfruto tarareando la letra de “The fool on the hill” que aprendí en sus clases a los catorce años.

Los medios a mi alcance para aprender inglés eran entonces inexistentes, y en COU agradecíamos que nos trajera algunos ejemplares del SUR in English, que empezaba a publicarse por entonces, o que después de haber leído la revista Time nos la dejara unas veces a unos y otras a otro; conservo una revista Time que me dio con una portada dedicada al pianista Vladimir Horowitz. Sergio Gómez no sólo enseñaba inglés, hacía que te gustara el inglés y procuraba acercarte a la cultura inglesa.

Seminario de Física y Química. Cursos 83/84 y 84/85

Creo que el Seminario de Física y Química de aquellos años merece una mención muy especial, pues sus profesores acometieron un proyecto de enseñanza-aprendizaje colosal a partir de unos materiales que ellos mismos elaboraron y no con libro de texto. Cada lección comenzaba con nosotros en el laboratorio, por grupos, desarrollando durante varios días una serie de experimentos que nos conducían a elaborar hipótesis y a extraer conclusiones científicas tras una puesta en común con el profesor. Tras ello, la lección transcurría desarrollando más las cuestiones teóricas introducidas y luego resolviendo problemas, pero claro la perspectiva desde la que estudiabas la teoría y luego acometías los problemas era muy distinta a la de la enseñanza convencional de esta materia. Cuesta trabajo imaginar la cantidad de tiempo que tuvieron que dedicar tanto a la elaboración de las unidades didácticas como luego a la preparación de todo el material para que tantísimos alumnos pudieran estar haciendo prácticas en el laboratorio tan continuadamente. Formaban parte de aquel seminario (o departamento como lo llamamos hoy en día) profesores como Eduardo Molina, José Antonio Pérez Clavero, y Víctor del Valle. Los tres fueron posteriormente compañeros míos cuando llegué al IES Reyes Católicos como profesor.

Historia

El Instituto fue inaugurado en 1963. En su origen, el Centro presentaba distinta estructura ya que sólo se construyeron los actuales pabellones azul y amarillo.

La Educación Física se impartía bien en el estadio Vivar-Téllez (¡al que se accedía andando!) o en el actual Colegio de los Olivos, donde había un descampado. Más tarde, el jardín delantero se acondicionó como pista de deporte. El recreo, por supuesto, debajo de los olivos.

El Centro contaba con un Director Espiritual, don Antonio Ruiz Olmedo, que todos los días, al inicio de las clases, reunía a los alumnos y les daba el lema espiritual de la jornada. Acto bautizado como el «Sermón de la escalera» por el lugar donde se realizaba. En este mismo sentido recordar que durante muchos años se hicieron ejercicios espirituales en la Capilla.El Instituto fue inaugurado en 1963. En su origen, el Centro presentaba distinta estructura ya que sólo se construyeron los actuales pabellones azul y amarillo.

El Instituto era mixto porque en general no había más que un grupo por nivel. Cuando había mas de un grupo, se segregaban alumnos y alumnas.

Las informaciones ofrecidas por este medio tienen exclusivamente carácter ilustrativo, y no originarán derechos ni expectativas de derechos. (Decreto 204/95, artículo 4; BOJA 136 de 26 de Octubre)

Titularidad y condiciones generales

Estos dominios cuyo titular es el MECD. La estructura de este espacio Web ha sido diseñado y alojado a través de un servidor MySQL.

Así mismo el Centro IES Reyes Católicos es titular de este sitio Web (en adelante «INSTITUTO»), y como responsable del mismo, pone a disposición de los usuarios el presente documento con el que pretende dar cumplimiento a las obligaciones dispuestas en la Ley 34/2002, de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico (LSSI-CE), así como informar a todos ellos de las condiciones de uso.

Política de uso

Toda persona que acceda a este sitio web asume el papel de usuario, aceptando las condiciones aquí expuestas y comprometiéndose a la observancia y riguroso cumplimiento de las mismas, sin perjuicio de cualquier otro requisito legal que fuera de aplicación.

El INSTITUTO se reserva el derecho de modificar en cualquier momento las presentes condiciones de uso así como cualquier tipo de información que pudiera aparecer en el sitio web, sin que exista la obligación de preavisar o poner en conocimiento de los usuarios dichas variaciones, entendiéndose como suficiente la publicación en el sitio web.

Propiedad intelectual

Todos los elementos que forman este sitio web, así como su estructura, diseño y código fuente, son propiedad del INSTITUTO y están protegidos por la normativa de propiedad intelectual e industrial.

Se prohíbe la reproducción total o parcial de los contenidos de este sitio Web, así como su modificación y/o distribución sin citar su origen o solicitar previamente autorización.

El INSTITUTO no asume ninguna responsabilidad derivada del uso que terceros puedan hacer de los contenidos del sitio web del que es titular

IES Reyes Católicos ©. Todos los derechos reservados.